Tipos de cáncer más comunes en la embarazada

Los ginecológicos son los tumores más comunes en la gestante

 
En líneas generales, el tratamiento del cáncer depende de muchos factores, desde el tipo de cáncer hasta el mes de embarazo. Después de padecer cáncer, la mujer puede quedarse embarazada, aunque dependerá de cada caso el momento de recuperar su capacidad reproductiva. Sin embargo, es aconsejable que antes de comenzar el tratamiento se extraigan óvulos para su conservación por si se ve afectada la fertilidad.
 
 

Embarazada y cánceres ginecológicos

 
Los cánceres ginecológicos de ovario y los cérvicouterinos son los más comunes durante el embarazo. Cuando la gestante padece alguno de ellos, las directrices europeas recomiendan preservar el embarazo, es decir, continuar con él.
 
La quimioterapia puede ser suministrada pasado el primer trimestre de embarazo,
y se ha comprobado que los niños que han recibido quimioterapia en el útero no padecen más
anomalías congénitas que otros niños que no han estado expuestos a ella.
 
Así se desprende del estudio coordinado por el profesor Philippe Morice, del departamento de Cirugía Ginecológica del Instituto Gustave Roussy (Francia).
 
En las primeras etapas del cáncer de cuello uterino, durante el primer y el principio del segundo trimestre, las dos principales consideraciones para el diagnóstico de la paciente son el tamaño del tumor (y estadio) y la estadificación ganglionar. El tratamiento del cáncer de cuello uterino en las mujeres embarazadas depende de cuatro factores: el tamaño y la etapa del tumor, el estado ganglionar, el término del embarazo y el subtipo histológico.
 
La linfadenectomía laparoscópica y la resonancia magnética son útiles para la planificación de los médicos y pueden ayudar a dar un enfoque conservador del cáncer de cérvix.
 
     
  En los tumores pequeños y los tumores sin diseminación ganglionar (extensión a ganglios) se puede posponer el tratamiento hasta la madurez fetal y el parto, siempre con un exhaustivo seguimiento clínico y radiológico. Sin embargo, la quimioterapia y la traquelectomía radical (técnica novedosa que extirpa el tumor pero preserva la fertilidad) podrían ser también apropiadas, dependiendo de los casos.  
     
 
 

Embarazo y cáncer de mama

 
El estudio conducido por Frédéric Amant del Hospital Universitario de Lovaina (Bélgica), sobre el cáncer de mama en el embarazo sugiere que no hay razón para interrumpir el embarazo, ya que no mejora el pronóstico para la madre. El tratamiento con quimioterapia en cáncer de mama es posible durante el embarazo, aunque nunca debe aplicarse antes de las 10 primeras semanas porque dañaría al feto. Debe administrarse en el segundo o tercer trimestre de gestación.

"La quimioterapia puede aplicarse después de formarse los órganos fetales, a partir de 14 semanas de gestación, mientras que la cirugía se puede realizar durante cualquier trimestre", señala Frédéric Amant, investigador del Centro Multidisciplinar del Cáncer de Mama, en el Instituto del Cáncer de la Universidad de Lovaina (Bélgica), y responsable del estudio publicado en The Lancet Oncology.
  Embarazo y cáncer de mama
     
Sin embargo, la radioterapia está desaconsejada porque dependiendo de la dosis recibida por el feto,
puede dar lugar a malformaciones.
 
Los investigadores evaluaron a 68 embarazadas que recibieron un promedio de tres a cuatro ciclos de quimioterapia. El tiempo medio de diagnóstico de cáncer para las madres fue de 18 semanas de embarazo. El promedio de nacimientos se produjeron a las  36 semanas, con dos tercios (47) de las mujeres que dieron a luz  antes de las 37 semanas. Fueron evaluados un total de 70 niños. Posteriormente se analizó su salud desde los 18 meses hasta los 18 años.
 
Los resultados neurocognitivos estaban dentro de rangos normales para los niños nacidos a término. Los niños nacidos prematuros, sin embargo, tuvieron resultados más bajos, pero los autores subrayan que esta diferencia se encuentra entre la población en general. Los resultados de las pruebas indicaron que el comportamiento de los niños, la salud general, las dimensiones y funcionamiento del corazón, el oído y el crecimiento eran todos iguales a los resultados medios de los niños en la población general.
 
"La decisión de administrar la quimioterapia debe seguir las mismas pautas que en pacientes no embarazadas. En la práctica, es posible administrar quimioterapia a partir de  la semana 14 semanas de embarazo, con especial atención a la atención prenatal". 
 
Una vez más, afirman los investigadores, las terapias dirigidas y hormonales, como el bevacizumab (Avastin) y trastuzumab (Herceptin) se observan como contraindicados en el embarazo en mujeres con cáncer de mama.
 
 

Cánceres hematológicos en la gestación

 
Las cosas son un poco más complicadas en el cáncer hematológico durante el embarazo, señala el investigador Benjamin Brenner, del Departamento de Hematología y Trasplante de Médula Ósea del Instituto de Tecnología de Israel en Haifa. El linfoma de Hodgkin es el cáncer hematológico más común. Y es el cuarto cáncer más común en el embarazo, afecta a uno de 6.000. Le siguen el linfoma no Hodgkin y la leucemia aguda.
 
Cáncer hemotológico en la gestación   Estos tipos de cáncer, aunque poco frecuentes, no son fáciles de diagnosticar debido a una superposición entre los síntomas de la enfermedad y de la gestación y debido a las limitaciones de la imagen en el embarazo, explica.

El objetivo principal del tratamiento es preservar la salud de la madre, por lo que, según algunos expertos, "la interrupción del embarazo es aconsejable en las primeras etapas, ya que permite la aplicación de la terapia adecuada". Los cánceres descubiertos más tarde en el embarazo pueden ser tratados.
     
La medicación para prevenir los coágulos de sangre a menudo es necesaria para prevenir las complicaciones vasculares en la madre y el feto debido a que la hipercoagulabilidad inducida por el embarazo se ve agravada por el cáncer.
 
Los autores aconsejan que los pacientes con leucemia aguda o linfoma deben evitar el embarazo si no tienen una remisión duradera de al menos dos años, ya que la enfermedad es probable que se repita durante ese período. No está claro si existe alguna asociación entre el embarazo y el riesgo de recaída.
 
Los anticonceptivos hormonales combinados aumentan el riesgo de trombosis. Por lo tanto, no se recomiendan en pacientes con enfermedad activa, pero pueden ser considerados para los de remisión a largo plazo. Sin embargo, los compuestos de progesterona se cree que son seguros, ya sea por vía oral o como un dispositivo intrauterino.
 
Las neoplasias malignas hematológicas en el embarazo, aunque es raro, plantean retos diagnósticos y terapéuticos, sostiene Brenner. La administración de terapias debe centrarse en la supervivencia de la madre, y al mismo tiempo reducir al mínimo el tratamiento con  efectos tóxicos para el feto. No obstante, la escasez de datos sobre estos pacientes pone de relieve la necesidad de colaborar para ampliar la investigación básica y clínica.
 
Marta Villalba