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Alteraciones de la coagulación

   
•   Alteraciones de la coagulación
   
  Durante el embarazo se produce un estado de hipercoagulabilidad, es decir, la mujer tiene una mayor tendencia a la coagulación de la sangre que cuando no está embarazada. Esto se debe al aumento de los niveles de los factores encargados de la coagulación, llamados "factores de coagulación", y en concreto a los factores I, VII, VIII, IX y X.
   
  Sin embargo, además de los cambios propios del embarazo, que consideramos fisiológicos o normales, pueden producirse otras alteraciones en la coagulación de la sangre derivadas de complicaciones obstétricas como son la preclampsia (tensión alta, proteínas en la orina e hinchazón de pies o manos), el desprendimiento de placenta (también llamado "abruptio placentae"), la embolia del líquido amniótico o la muerte del feto dentro del útero.
   
  Existen dos enfermedades concretas relacionadas con la alteración de la coagulación, que pueden complicar el embarazo: la enfermedad de von Willebrandt y la hemofilia.
   
  Enfermedad de Von Willebrandt
   
  Es una alteración del factor von Willebrandt (vW), que es un factor de la coagulación. Existen tres tipos descritos:
   
   •  Tipo I: Es una alteración cualitativa del factor vW. El factor está deficitario. Es la alteración más frecuente y se hereda de forma autosómica dominante.
     
  •  Tipo II: Es una alteración cualitativa. El factor está alterado y no funciona correctamente. Se hereda de forma autosómica dominante.
     
  •  Tipo III: Es el único tipo que se hereda de forma autosómica recesiva.
   
   
  La herencia autosómica dominante significa que si alguno de los padres tiene la enfermedad, el recién nacido la heredará. La forma autosómica recesiva requiere que los dos padres tengan la enfermedad  o sean portadores para que el hijo la herede.
   
  En una mujer embarazada con una enfermedad de von Willebrandt, suelen aparecer hemorragias en la piel y en las mucosas. Existe una mayor tendencia al sangrado de las encías y las nariz. Además pueden producirse hemorragias uterinas, sobre todo en el primer trimestre y en el parto.
   
  En el análisis de sangre aparecen unos niveles normales de plaquetas, un tiempo de hemorragia prolongado y una disminución del factor VIII de la coagulación.
   
  El control de la gestación se hará conjuntamente entre el servicio de obstetricia y el de hematología.
   
  En el feto puede existir riesgo de hemorragia intracraneal. Se puede diagnosticar prenatalmente la enfermedad en el feto haciendo una cordocentesis, es decir, extrayendo sangre del feto a través del cordón umbilical.
   
  En cuanto al parto, existen muchos ginecólogos que prefieren realizar una cesárea programada para evitar la hemorragia intracraneal del bebé. Si se opta por el parto vaginal, deben evitarse los electrodos en el cuero cabelludo del feto así como las microsomas fetales.
   
  Respecto al tratamiento a la madre, consiste en la administración intravenosa de crioprecipitado, plasma, concentrados de factor VIII y desmopresina.
   
   
  Hemofilias
   
  Son un grupo de enfermedades en las que existe un déficit de un factor de coagulación.
   
    •  Hemofilia A: Déficit de factor VIII. Es la más frecuente.
    •  Hemofilia B: Déficit de factor IX.
       
  Ambos tipos de hemofilia se heredan de forma autosómica recesiva ligada al sexo, al cromosoma X. De tal forma, que las mujeres son portadoras de la hemofilia y la transmiten, mientras que los varones son los que sufren la enfermedad. Solamente una mujer tendrá la enfermedad si su madre es portadora y su padre hemofílico.
   
  Si una madre (46XX) es portadora de hemofilia, es decir, que de sus dos cromosomas X, uno tiene la alteración y su marido es sano (46XY), tienen el 25% de probabilidades de tener una hija sana, un 25% de tener una hija portadora, un 25% de tener un hijo sano y un 25% de tener un hijo con la enfermedad.
   
  Si la madre está sana y el padre es hemofílico, todas sus hijas (mujeres) serán portadoras y todos sus hijos (varones) sanos.
   
  Si la madre es portadora y el padre hemofílico, tienen un 25% de probabilidad de que sus hijas tengan hemofilia, un 25% de que sus hijas sean portadoras, un 25% de que sus hijos tengan la enfermedad y un 25% de que sus hijos nazcan sanos.
   
  En el caso de las madres portadoras de hemofilia, no manifestarán ningún síntoma durante el embarazo. Los casos de mujeres con la enfermedad pueden tener más tendencia al sangrado de piel y mucosas. Deben ser controladas en ambos casos de forma simultánea por un hematólogo y un tocólogo.
   
  En los embarazos de madres portadoras de hemofilia, puede determinarse precozmente el sexo del feto mediante biopsia corial, o ADN fetal en la sangre de la madre.
   
  Durante el parto, se evitará la monitorización interna, y las microtomas en el caso de que el feto sea varón por el mayor riesgo de hemorragia.
   
  Por este motivo, muchos tocólogos, eligen la cesárea como vía preferente de parto. Antes de la cesárea, es conveniente transfundir a la madre  concentrado del factor deficitario.