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Consejos y curiosidades sexto mes de embarazo

Recomendaciones del sexto mes

Delega algunas actividades en tu pareja
 
Aunque puedes seguir sintiéndote sana y activa, lo cierto es que el incremento de peso y el tamaño del abdomen comienzan a ser considerables al final de este mes provocándote algunas dificultades para recoger cosas del suelo o para realizar algunas tareas del hogar. Al no estar acostumbrada a las nuevas dimensiones de tu tripa puedes tener tendencia a golpearte en ella, siendo muy frecuentes las quemaduras con la plancha. Por todo ello, tu pareja debe ser consciente de que debe aportar una ayuda extra en las labores del hogar.
Ingesta de líquidos
 
Trata de beber más de 2 litros de agua durante el día para estar bien hidratada y evitar las infecciones de orina. Evita el café y el té, que son diuréticos. En las horas antes de acostarte disminuye la ingesta de líquidos, puesto que con el mayor crecimiento uterino que comprime la vejiga, cada vez notarás las ganas de orinar con mayor frecuencia y si bebes mucho antes de acostarte te obligará a levantarte en varias ocasiones por la noche.

 

En caso de tener el pezón plano o retractil
 
Es aconsejable que consultes con tu tocólogo ya que te pueden originar problemas para la lactancia. Si tus pezones consiguen salir con el frío o pellizcándolos, no tienes por qué tener problemas puesto que la propia succión del bebé conseguirá sacarlos. Si no es así, puedes evitar problemas durante la lactancia realizando ejercicios que te permitan hacer salir el pezón estirando la aréola o comenzando a utilizar modeladores/formadores del pezón.

 

     
   Curiosidad: Los movimientos fetales a lo largo de la historia
 
     
  El primer testimonio escrito de la constatación de movimientos fetales proviene de la Biblia (Génesis, 25:21-24): “Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril y lo aceptó Jehová y concibió Rebeca su mujer. Y los hijos luchaban dentro de ella. Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí que había gemelos en su vientre”.  
     
  El primer médico que constató la existencia de movimientos fetales fue Susruta, quien ya pensaba que el feto debía ser capaz de hacerlo a partir de la semana 12 de gestación. Aristóteles coincidía con esta apreciación y añadía que el feto debía contar con ciertas capacidades sensoriales. En la Edad Media el feto no era un asunto de especial preocupación para los intelectuales, pero en el Renacimiento se vuelve a escribir sobre el asunto. En el siglo XIX se relacionó la falta de movimientos fetales con la posible existencia de problemas. En el siglo XX, no es hasta los años 70 cuando se comienzan a estudiar metódicamente los movimientos fetales. En los años 80 se conocen muchos más datos gracias a la generalización de la ecografía, pero es en nuestro siglo, con la aparición de la ecografía 3D/4D cuando se están comenzando a extraer conclusiones importantes acerca del comportamiento y las expresiones del feto.