Desarrollo fetal noveno mes de embarazo

El feto ya ha completado su desarrollo

A partir de la semana 37 se considera que el feto ha llegado "a término", es decir, que ha completado su desarrollo y está listo para comenzar su vida fuera del vientre materno. Además de haber alcanzado un tamaño óptimo, un hecho fundamental para que se considere que ha llegado a su madurez es que los pulmones ya están preparados para funcionar adecuadamente. Esto es así puesto que su estructura, llena de ramificaciones, ya está terminada y además cuenta con las sustancias jabonosas que evitan su colapso y facilitan que se puedan llenar de oxígeno los alveolos. 

Durante este mes el feto alcanza su crecimiento máximo, que al nacimiento supone un peso medio de 3350 g y una altura de 48-52 cm. Sin embargo, las variaciones de peso son grandes entre la semana 37 y la 42, ya que en esta etapa el feto gana unos 200 g semanales. Así, en la semana 37 suele pesar un poco menos de 3 kg, mientras que a partir de la semana 41 el peso medio es superior a los 3,5 kg. El gran tamaño que alcanzan les obliga a adquirir una posición más flexionada y "compactada", de modo que los movimientos fetales son todavía menores y solamente aumentan los movimientos respiratorios. Los huesos de la cabeza todavía no se han soldado para permitir un mejor amoldamiento en el momento del parto.
  
     
La piel se vuelve tersa y suave gracias al aumento en los depósitos de grasa subcutáneos. Los niños que nacen más tarde suelen tener además un aspecto más arrugado y las uñas largas, de modo que no es inusual observar que se han hecho algún rasguño en la cara.
 
En esta etapa la placenta permite un mayor paso de anticuerpos maternos del tipo IgG para que el feto nazca con mayor protección ante las infecciones. Esta protección va disminuyendo poco a poco en los primeros 6 meses, hasta que el propio sistema inmune del bebé esté maduro.
 
El intestino del feto está en estos momentos lleno de "meconio" que es la primera "caca" verdosa que expulsan. Cuando lo hacen antes del nacimiento provoca que el líquido amniótico torne de color verdoso, dando lugar al conocido como "líquido teñido o líquido meconial". Aunque la presencia de líquido teñido puede constituir un signo de pérdida del bienestar fetal, en la mayoría de los casos es el resultado del movimiento intestinal normal de un feto maduro. Por tanto, su presencia obliga a un control estricto del bienestar fetal, pero si este es adecuado, es posible continuar el parto de manera normal.

 

     
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