Método Lamaze del parto natural

El parto

Este método surge cuando en 1951 el Dr. Fernand Lamaze incorpora en la asistencia de sus partos unas técnicas que había conocido en Rusia. Estas técnicas consistían esencialmente en clases de parto, técnicas de respiración y relajación, de forma que se le enseña a la mujer a responder a los estímulos del parto (principalmente dolor) con respuestas concretas (relajación), por ello también se le conoce como “método psicoprofiláctico”. El apoyo emocional constante del padre y enfermeras especialmente entrenadas son también pilares de este método. 
 
El método en sí mismo no es un mero protocolo a seguir, sino un conjunto de pautas que favorecen el desarrollo del parto como un proceso natural y que son comunes a otros métodos de parto natural. Algunas de las puntos que defienden son:
 
No inducir el parto
  El parto espontáneo es la mejor forma de saber si un feto está preparado para nacer o no, además las contracciones naturales aumentan la libertad de la madre para responder a ellas moviéndose, cambiando de posición, etc. Los defensores de método sólo aceptan la inducción del parto si hay una razón médica para ello, algunas de las razones para inducir el parto son: rotura de la bolsa de aguas y el trabajo del parto no se inicia, embarazo de 42 semanas, madre con tensión alta o diabetes o cualquier otra enfermedad que pueda poner en peligro su propia vida y/o la del bebé.
   
Libertad de movimiento durante el trabajo del parto
  No existe una posición ideal para el parto y la mujer elegirá instintivamente la posición que favorezca un trabajo del parto más rápido y efectivo. A lo largo de las clases de parto, a la mujer se le enseña movimientos que le pueden ser útiles (como el balanceo de la pelvis, posición de cuclillas, etc.). La libertad de movimiento, no sólo favorece que el parto sea más rápido, sino que también disminuye la percepción del dolor por parte de la madre.
   
Apoyo emocional constante
  La propia Organización Mundial de la Salud está de acuerdo en este punto, un apoyo emocional durante todo el parto es un derecho propio de la madre. Los defensores del método de Lamaze sugieren que este apoyo debe venir preferiblemente de otra mujer, por ejemplo la madre o la hermana, pero el padre es suficiente si tiene una buena actitud y no se asusta (algo común entre los padres en los partos). En algunos hospitales de los Estados Unidos de América se ofrecen los servicios de “doulas”, son mujeres con experiencia en los partos, no médica, que sirven de apoyo a parturientas. No son incompatibles con el apoyo del padre ya que sólo intervienen si éste no tiene una actitud colaboradora.
   
No realizar técnicas de rutina
  En consonancia con los puntos anteriores, cualquier intervención médica que sea prescindible no se debe hacer, por ello las técnicas de rutina deben aplicarse sólo en caso individualizados y si no hay otra opción. Algunas de las técnicas que denuncian son las restricciones para comer y beber, gotero intravenoso, ruptura artificial de membranas, anestesia epidural, etc. 
   
No dar a luz tumbada
  Consideran que la posición óptima para parir es de pie o cuclillas para aprovechar la fuerza de la gravedad y además así la cadera se ensancha más fácilmente. Sin embargo, es muy cansado para la mujer por lo que existen artilugios de apoyo o también se aceptan las posiciones semisentada y recostada de lado. Sólo hay que adoptar la posición tumbada si es estrictamente necesario, por ejemplo si no queda más remedio que utilizar un fórceps.
   
No separar a la madre y al bebé después de su nacimiento
  El contacto íntimo (piel con piel) de la madre con el niño favorece los lazos psicológicos y tiene beneficios sobre la salud tanto de la madre como del bebé. Esto ya se respeta en los hospitales de hoy, siempre que no haya complicaciones que exijan al bebé o a la madre unos cuidados especiales.