Dolor en el embarazo
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Calambres nocturnos y hemorroides en el embarazo

Calambres nocturnos.
  Son contracciones involuntarias y dolorosas que afectan sobre todo a las pantorrillas y a los músculos del peroné. Aparecen a partir de la segunda mitad del embarazo y con más frecuencia por la noche despertando a la embarazada debido al dolor que producen. Empiezan en la pantorrilla y se irradian hasta la planta y los dedos de los pies. Estos calambres se deben a la compresión  por parte del útero de los nervios de las extremidades inferiores. También son debidos a la insuficiencia de la circulación periférica y al nivel bajo de calcio, fosfato y potasio. Aunque los calambres suelen ser muy dolorosos no son graves.
   
 
     
  La flexion dorsal del pie (doblarlo hacia la pierna) es la mejor maniobra para calmar el dolor, seguido de un masaje desde el tobillo hacia la rodilla. Para evitar su aparición, la gestante debe intentar tomar más productos lácteos (leche, yogurt, quesos, etc) para aumentar la ingesta de calcio. Es conveniente también comer alimentos ricos en potasio (ya que hay una mayor eliminación del mismo en el embarazo), como son los plátanos, los higos, las castañas, los frutos secos, la trucha, el mero y la carne magra de vaca. Los ejercicios circulatorios moviendo los pies haciendo círculos o estirando las pantorrillas pueden contribuir a evitar la presencia de calambres.
 
     
   
   
Hemorroides.
  Su aparición o empeoramiento durante el embarazo está relacionado con el aumento de presión en las venas rectales, causado por la compresión del útero sobre el retorno venoso y la disminución del tono de la pared venosas debido al aumento de la progesterona. Las hemorroides, además se agravan por el estreñimiento característico de la gestación. Ocurren en el 30% de los embarazos y pueden resultar muy molestas por el picor, escozor, la pesadez e incluso el dolor. A veces las hemorroides llegan a ser muy dolorosas, sobre todo si se acompañan con trombosis de las mismas. Como medidas preventivas, se aconseja evitar el estreñimiento, que suele ser el principal desencadenante o agravante de las hemorroides y practicar ejercicios de Kegel (contraer y relajar la musculatura del periné) para activar la circulación de la zona. Obviar las comidas picantes y el alcohol, así como evitar ponerse ropa interior de fibra sintética son otras medidas higiénicas para evitar la aparición de hemorroides.
   
  Una vez que ya han aparecido las hemorroides el tratamiento consiste en baños de asiento con agua fría y sal gorda, hielo en la región anal envuelto en una tela o bolsa de plástico y alguna pomada antihemorroidal con componentes antiinflamatorios y analgésicos para aliviar los síntomas.