Cómo afecta al bebé el consumo de alcohol de la embarazada

Los niños de madres que beben pueden sufrir malformaciones físicas y neurológicas

 
El consumo de alcohol durante el embarazo, incluso en pequeñas cantidades, causa daños en la salud de los niños desde su gestación.
 
     
  La copita de vino o la cañita de cerveza atraviesan sin dificultad la barrera placentaria, de manera que el embrión o feto alcanza la misma cantidad de gramos de alcohol por litro de sangre que la madre (alcoholemia).  
     
 
El etanol disminuye la cantidad de glucosa, lo que interfiere en su alimentación, altera las cadenas de aminoácidos que configuran las proteínas, afectando a la generación de tejidos y destruye las neurotrofinas, que tienen un papel fundamental en el conocimiento, la adquisición de memoria y en el aprendizaje.
 
Además, los órganos del bebé están en formación, de manera que sus incipientes riñones no son capaces de metabolizar el alcohol con la misma rapidez que la madre, así que la sustancia permanece en éste durante mucho más tiempo.
 
Qué cadenas proteicas se verán alteradas y cómo se verán afectados tejidos y órganos es algo que dependerá del momento de gestación en el que produzca la ingesta de alcohol.  Los expertos señalan que si el consumo se produce durante las diez primeras semanas de embarazo, existe riesgo de malformaciones cardíacas, genitourinarias, renales, esqueléticas, de piel, alteraciones del sistema nervioso, oculares y de la boca, así como tumores embrionarios.
 
Si se produce durante el tercer trimestre, los signos resultaran mucho más evidentes ya que se produce un déficit de crecimiento intrauterino : el peso y la talla se verán afectados. Tampoco hay que olvidar que algunos de los estados de desarrollo más complejos tienen lugar durante el segundo y el tercer trimestre, periodos en los que el sistema nervioso puede quedar gravemente afectado por el alcohol. En cuanto a su aspecto físico presentarán rasgos característicos como cabeza y ojos pequeños (microcefalia), nariz corta o aplastada, boca grande con ausencia del surco nasolabial y labio superior delgado.

 

     
  Los estudios llevados a cabo por Socidrogalcohol señalan que nueve de cada diez  niños que nacen con síndrome alcohólico fetal sufren retraso mental y que el 60 por ciento presenta fracaso escolar y alteraciones de conducta. A través de estudios de imagen, PET y TAC se ha observado que estos niños sufren alteraciones tanto micro como macroscópicas en el hipocampo, córtex frontal y vérmix cerebeloso. Éstas provocan disminución de las funciones sensitivas (oído, vista, tacto…), disminución de la cognición, que se refleja en una menor capacidad de memoria y atención; son niños incapaces de completar tareas, que no piden información, que tienen tendencia a dañar a otros, malinterpretan las órdenes, corren riesgos innecesarios o no son capaces de percibirlo. Además, se ha establecido una correlación del síndrome de alcoholismo fetal con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad y con el autismo. Las investigaciones llevadas a cabo demuestran que estos problemas se intensifican a medida que el niño va creciendo.  
       


 

El primer estudio sobre alcohol y embarazo en España

 
A pesar de que los expertos insisten en el hecho de que lo prioritario no son las cifras sino sensibilizar tanto a las madres como a los profesionales sanitarios sobre las graves consecuencias de la ingesta de alcohol durante el embarazo, se ha puesto en marcha el primer estudio que permitirá evaluar la repercusión real de este problema en nuestro país. Para ello, desde Socidrogalcohol se ha iniciado un análisis en un hospital valenciano y que en breve se hará extensivo a otros centros de Málaga, Jaén, Cáceres y Madrid. Francisco Pascual precisa que está siendo una ardua labor ya que "ha sido toda una odisea el simple hecho de conseguir los permisos pertinentes y la colaboración de algunas instituciones", un escaso espíritu de cooperación que también han encontrado en obstetras y matronas que aportan –afirma el doctor Pascual- una escueta respuesta: "nuestras embarazadas no beben".
 
Por el momento, se han recogido datos de protocolo de cerca de 1.200 embarazos y en muchos de ellos se ha obvia la pregunta sobre consumo de alcohol y otras drogas. Así, sólo hay constancia de un consumo importante de alcohol en 13 casos, lo que representa poco más de un 1 por ciento. Por delante queda la tarea de contrastar los datos de los recién nacidos que han presentado algún tipo de anomalía como pequeño perímetro cefálico, bajo peso o talla, trastornos del bienestar fetal… que representan un 10 por ciento de los niños analizados. Pascual insiste en la necesidad de sensibilizar tanto a las futuras madres como a los profesionales sanitarios: "Para poder diagnosticar una patología, hay que tenerla siempre presente y este cuadro es mucho más frecuente de lo que en principio podríamos pensar".