Tablas china y maya: saber o elegir el sexo del bebé
El calendario lunar se utiliza para conocer si será niño o niña
Desde el mismo instante en que aparece el positivo en el test de embarazo, una pregunta empieza a rondar la cabeza (y el corazón) de muchas parejas: ¿será niño o niña?
La curiosidad es natural. Imaginar la carita del bebé, pensar en su nombre, soñar con su habitación, la ropa pequeñita o incluso cómo será su carácter… Todo forma parte de esa dulce espera.
Para algunas familias, conocer el sexo del bebé cuanto antes se convierte en una ilusión enorme. Para otras, incluso en una pequeña obsesión llena de emoción y nervios. Y ahí es donde entran en juego las famosas tablas china y maya, dos métodos tradicionales que prometen orientar —al menos de forma divertida— sobre si el bebé será niño o niña.
Un juego antiguo basado en la luna
Las tablas china y maya no están respaldadas por la ciencia, pero muchas mujeres deciden usarlas por curiosidad y por el encanto que tienen estas tradiciones milenarias. Al fin y al cabo, ¿qué se pierde por probar?
Ambos métodos se basan en el calendario lunar, cruzando la edad de la madre con el momento en el que se concibe el bebé para “predecir” su sexo.
Según cuentan estas tradiciones, la coincidencia entre el calendario lunar y el ciclo menstrual podría explicar por qué, a veces, parece que aciertan. Algunas personas incluso hablan de un porcentaje de acierto muy alto… ¿Mito o casualidad? Eso ya lo decides tú. Lo importante es vivirlo como lo que es: un juego cargado de ilusión.
La tabla china del embarazo: un legado para elegir el sexo del bebé
Desde hace siglos, en algunas culturas —como la china— se daba mucha importancia a traer hijos varones al mundo, ya que tradicionalmente eran quienes ayudaban en el campo y aseguraban la continuidad familiar. De ahí nace la famosa tabla china del embarazo, un método que, según la tradición, era utilizado incluso por la familia imperial para asegurar descendencia masculina.
Se dice que esta tabla fue descubierta hace más de 700 años en una tumba real, y desde entonces ha viajado por todo el mundo. Hoy, mujeres de muchos países recurren a ella movidas por la emoción de imaginar si su futuro bebé será niño o niña.
Cómo funciona la tabla china (sin complicaciones)
Utilizar la tabla china es más fácil de lo que parece:
- En vertical aparece la edad lunar de la madre
- En horizontal, los meses del año
- El punto donde se cruzan ambos datos indica el resultado:
- Rosa: niña
- Azul: niño
Primer paso: calcular tu edad lunar
Aquí está el pequeño truco:
- Si cumples años en enero o febrero, suma 2 años a tu edad actual
- Si cumples años en otro mes, suma 1 año
Por ejemplo:
- Una mujer de 27 años cumplidos en enero tendría una edad lunar de 29
- Si los cumplió en marzo, sería 28
Si ya estás embarazada y no recuerdas el día exacto de la concepción, puedes hacer un cálculo aproximado sumando 14 días al primer día de tu última regla.
Tabla maya: sexo del bebé y ciclos lunares
El calendario maya del embarazo tiene un objetivo muy parecido al chino: adivinar el sexo del bebé. También cruza la edad de la mujer con el mes de concepción para indicar si será niño o niña.
- Como curiosidad, este sistema aconseja evitar el mes del cumpleaños para hacer el cálculo, si se quiere “elegir” el sexo antes de quedarse embarazada.
- Si el embarazo ya ha comenzado, basta con buscar la edad y el mes en el que se produjo la concepción.
- La tabla maya se basa en el calendario de las 13 lunas, usado por esta antigua civilización. Para ellos, el año tenía 364 días (13 lunas de 28 días) y un día especial llamado “fuera de tiempo”, que se celebraba cada 25 de julio.
- Cada fase lunar se asociaba a un animal, igual que ocurre en el calendario chino, reforzando esa conexión entre naturaleza, tiempo y vida.
La luna como protagonista
Tanto el calendario chino como el maya siguen las fases de la luna, que duran 28 días. Esto es diferente a nuestro calendario occidental, basado en el sol.
Para los chinos, el año nuevo no empieza siempre el mismo día, sino con la primera luna nueva tras el solsticio de invierno, normalmente entre finales de enero y febrero. Todo gira en torno al ritmo natural de la luna.


