Alergia y embarazo: Asma

Alergia y embarazo
     
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El asma es una enfermedad respiratoria crónica caracterizada fundamentalmente por la inflamación de las vías aéreas (bronquios).

 

Esta inflamación origina hinchazón interna de los bronquios, aumento de la producción de moco y contracción de los músculos que rodean a los bronquios (broncoespasmo). Todo ello conduce a un estrechamiento del calibre bronquial, que ocasiona los síntomas típicos de la enfermedad: episodios de tos, falta de aire, pitos en el pecho y opresión torácica. Estos síntomas se repiten en el tiempo con frecuencia e intensidad variables. Algunos pacientes presentan sólo episodios ocasionales y permanecen sin síntomas el resto del tiempo, mientras que otras personas están afectadas de continuo. El asma puede ser de causa alérgica, pero no todas las asmas son causadas por alergia. Los alérgenos relacionados con el asma alérgica son lo mismos que causan la rinitis.
 
Los episodios o crisis asmáticas pueden estar desencadenados por diferentes motivos, como la exposición a los alérgenos (en el caso del asma alérgica), el ejercicio físico, las infecciones respiratorias, la exposición a irritantes como el humo, o por algunos medicamentos como los antiinflamatorios del tipo de la aspirina.
 
Durante el embarazo, los síntomas de asma pueden empeorar, mejorar o mantenerse sin cambios. Cuando el asma empeora durante el embarazo, los ataques de asma pueden producirse en cualquier momento, pero lo más frecuente es que ocurran entre las semanas 24 y 36. Generalmente el asma mejora durante el último mes de gestación. El asma no controlada puede representar una amenaza para el bienestar de la madre y del bebé, pero cuando el asma maternal se controla adecuadamente durante el embarazo, no aumenta el riesgo de complicaciones ni para la madre ni para el niño. Cuando llega el final del embarazo, si el asma está bien controlada no existen limitaciones referentes al tipo de parto ni a la administración de anestesia.
 
Durante el embarazo se producen muchos cambios en el organismo que influyen en la función pulmonar y, por lo tanto, en el asma. Aumenta la retención de agua y de sal, se incrementa el volumen sanguíneo y el trabajo del corazón. Esto hace que la nariz, la faringe, la traquea y los bronquios estén más congestionados, lo que puede acentuar la obstrucción nasal y bronquial en las personas asmáticas. También hay un incremento en el consumo de oxígeno, que está compensado por el aumento de la respiración. Este aumento del trabajo respiratorio podría parecer un síntoma de asma, pero esta dificultad respiratoria se diferencia de la de origen asmático porque no va acompañada ni de pitos, ni de tos. 
 
     
  El aumento del tamaño del abdomen aumenta la presión que ejerce sobre el diafragma y puede producir  paso de jugo gástrico del estómago al esófago, lo que puede influir negativamente en el asma.  
     
 
La respiración (aporte de oxígeno y la eliminación de CO2) del feto se realiza por la placenta, a través de la sangre de la madre. Las necesidades de oxígeno del feto son muy altas y la disminución o falta de oxígeno puede causar deterioro del crecimiento y de la supervivencia del feto. El asma no controlada produce una disminución en la cantidad de oxígeno en la sangre de la madre y puede dar lugar a una disminución del oxígeno en la sangre del feto. Por ello es muy importante un buen control del asma durante el embarazo para evitar la mala oxigenación.
 
 
 
Tratamiento
 
Los objetivos del tratamiento de la embarazada asmática son los mismos que para otros pacientes, es decir, controlar los síntomas asmáticos, mejorar al máximo la función pulmonar, prevenir las exacerbaciones y minimizar en lo posible los efectos secundarios de la medicación utilizada. Además de estos objetivos comunes, en la mujer gestante es primordial asegurar un bebé sano.
 
El tratamiento del asma se basa en  la prevención, el tratamiento farmacológico, la educación e información de la paciente y en el uso de vacunas.
 
Prevención
 
El tratamiento debe empezar por medidas ambientales que reduzcan al mínimo las exposiciones a alérgenos que puedan resultar perjudiciales y agentes irritantes como el humo. Estas medidas normalmente son insuficientes para controlar el asma. También es importante detectar y tratar las posibles causas de empeoramiento del asma como las infecciones respiratorias.
 
Medicamentos
 
En la mayoría de los casos es imprescindible usar medicamentos para controlar adecuadamente el asma. Generalmente el tratamiento consiste en la administración de fármacos inhalados que revierten el estrechamiento de los bronquios y que reducen la inflamación. La elección de los medicamentos tendrá en cuenta la relación riesgo beneficio para la madre y para el niño: aunque algunos medicamentos conlleven algún riesgo, el peligro tanto para la madre como para el feto es mucho mayor si el asma no se controla correctamente. En general es preferible mantener durante la gestación un tratamiento antiasmático continuado que correr el riesgo de agudizaciones que produzcan una falta de oxígeno que comprometa la seguridad feto-materna. Por suerte, la mayoría de los medicamentos que se usan en el tratamiento del asma pueden utilizarse durante la gestación. Los siguientes fármacos se consideran adecuados durante el embarazo:
 
    Broncodilatadores beta adrenérgicos: Hay dos tipos de broncodilatadores, los de acción corta y los de larga duración. Los broncodilatadores de acción corta (salbutamol, terbutalina) son los más antiguos y existen múltiples estudios que han demostrado que pueden ser usados con seguridad durante el embarazo. 

Los broncodilatadores de larga duración (salmeterol, formoterol) son más modernos y hay menos experiencia con ellos, pero suficiente para establecer su seguridad. Los broncodilatadores en general  pueden causar efectos colaterales, como taquicardia, nerviosismo, y temblor en la madre y en el recién nacido expuesto, pero sus beneficios superan ampliamente estos efectos relativamente menores.

Broncodilatadores anticolinérgicos inhalados: El bromuro de ipratropio es un fármaco que se absorbe escasamente por vía inhalatoria, se utiliza en pacientes que no toleran los broncodilatadores beta adrenérgicos.

Teofilina: En la actualidad la teofilina ha sido reemplazada ampliamente por los corticosteroides inhalados, agonistas adrenérgicos de larga acción, y por otros nuevos medicamentos, pero es un fármaco que  ha sido muy utilizado en el embarazo por lo que existe mucha evidencia que demuestra su seguridad. La teofilina es un medicamento broncodilatador.
 
 
 
Estabilizadores de los mastocitos: El cromoglicato de sodio y el nedocromil sódico son medicamentos de acción antiinflamatoria, aunque mucho menos potentes que los corticoides. 
 
Corticoides inhalados: Los corticosteroides inhalados son la medicación más efectiva para el control a largo plazo del asma. Los medicamentos con los que se tiene mayor experiencia son la beclometasona y la budesonida y deben considerarse como los corticoides inhalados de elección. Otros corticoides inhalados como la fluticasona también pueden ser utilizados, pero siempre sopesando cuidadosamente los riesgos y beneficios.
 
Corticoides orales: son esenciales para el manejo de las crisis agudas y severas. Aunque se han asociado a un retraso en el crecimiento intrauterino, la disminución de oxígeno que implica una crisis de asma incontrolada supone con toda seguridad un riesgo mayor que evitar su administración en estas circunstancias.
 
Educación del paciente
 
La escasa información hace que algunas mujeres eviten la toma de medicamentos durante el embarazo al desconocer que el verdadero riesgo está en el mal control de la enfermedad. Además es de vital importancia que la paciente sepa utilizar correctamente los dispositivos de inhalación y que conozca los desencadenantes principales de sus crisis de asma para poder evitarlos.
 
Vacunas
 
Los criterios para la administración de una vacuna específica con alérgenos durante el embarazo son los mismos que en la rinoconujuntivitis. No debe comenzarse su administración durante el embarazo pero si la mujer se queda embarazada cuando ya está en fase de mantenimiento y la tolerancia es buena, sí puede continuar con la administración de la vacuna.
 
Cuando el asma mejora mucho durante el embarazo y se han reducido las dosis de los medicamentos, es posible que después del parto, al regresar a las condiciones normales de su organismo, la mujer necesite aumentar las dosis hasta volver a su tratamiento habitual, previo a la gestación, para controlar adecuadamente su enfermedad.

Durante la lactancia la madre debe continuar su tratamiento para controlar el asma. La mayoría de los fármacos llegan a la leche pero los medicamentos utilizados en el asma llegan en cantidades muy pequeñas y pueden ser usados en la forma habitual.