Tóxicos que el niño y el bebé absorben por la piel

Los contaminantes afectan más a la epidermis infantil

La contaminación medioambiental no solo se encuentra en el aire que respiramos. Existen muchos objetos que están fabricados o recubiertos con sustancias tóxicas, que pueden penetrar dentro de nuestro organismo cuando entramos en contacto con ellos al tocarlos o manipularlos. Esa absorción dérmica, a través de la piel, de los contaminantes medioambientales es mayor en los bebés y en los niños que en los adultos.

Cómo es la frágil piel del recién nacido 


Tóxicos que el niño absorbe por la piel

En los recién nacidos y en los niños se dan tres circunstancias que provocan que su piel absorba más sustancias tóxicas y estén más expuestos a ellas que un adulto:

  • Los niños tienen una mayor área de piel que los adultos en relación a su tamaño. Eso quiere decir que aumenta el riesgo a que un tóxico pueda penetrar a través de su piel y que su vulnerabilidad es mayor.
  • La piel de los recién nacidos tiene unas características propias, que hace que sea diferente a la del adulto. Seguro que siempre has oído hablar que es más frágil y que por eso se irrita con más facilidad. Se debe a que el proceso de queratinización no finaliza hasta unos días después del nacimiento, tiempo que se alarga cuando el bebé nace prematuro. La epidermis, o capa más superficial de la piel, cuenta con unas células llamadas queratinas que se renuevan constantemente, y hace que la piel se “endurezca”. Esa falta de una capa cornea en los bebés provoca que su piel absorba más sustancias que la del adulto, es más permeable.

¿Por qué es peligroso que tóxico atraviese la piel?


La piel es nuestro mayor órgano, y aunque ejerce un papel protector. Cuando un tóxico logra atravesar esa barrera puede, sin que la piel muestre ningún signo, llegar al torrente sanguíneo y de ahí al resto del organismo. Por eso es tan importante que en el bebé no entre en contacto directo con sustancias tóxicas a través de su piel.

Los bebés y los niños pequeños tienen mucho contacto directo con otros niños o adultos. Se les coge en brazos, se les acaricia, sin olvidar los cuidados diarios como su aseo, vestirle… Además, para el niño, tan importante es ver como tocar. Del sentido del tacto obtiene información valiosísima de todo cuanto palpan: temperatura, textura o tamaño de un objeto, la pared…

¿Dónde está el mayor peligro?


  • La radiación ultravioleta del sol puede resultar más dañina en los niños que en los adulto. El 85% de la radiación ultravioleta que absorbe el organismos lo hace en los primeros 18 años de vida.
  • Los componentes de algunos productos para bebés, como pañales o toallitas limpiadoras, pueden tener algunos productos que pueden irritantes y tóxicos para el bebé. La asociación de consumidores más importante de Francia realizó en 2017 un estudio sobre los pañales infantiles y encontró pequeñas muestras de residuos tóxicos en ellos. Los investigadores hallaron componentes orgánicos irritantes y neurotóxicos
  • Haya que evitar sustancia como el plomo, por ejemplo, que puede encontrarse en pinturas y barnices de muebles y/o juguetes de importación, como la cuna.

Cómo favorecer un desarrollo óptimo


  • Evitar la exposición solar directa en los primeros meses puede ser útil. Al salir a la calle siempre hay que aplicar una crema con un elevado factor de protección solar especial para bebés, especialmente si se va a pasear entre las 12 y las 16 horas. Además se puede utilizar sombrillas, camisetas y gorros como barreras protectoras.
  • Disminuir el uso de pesticidas en el hogar y la comunidad, o bien buscar alternativas para el tratamiento de las plagas.
  • A la hora de comprar el mobiliario de la habitación del bebé, conviene elegir aquel que esté fabricado libre de sustancias tóxicas.
  • Para la desinfección de heridas, como la del cordón umbilical, nunca hay que usar productos con yodo.
Con información de los doctores Juan Antonio Ortega, Carmen Cánovas Conesa, Esther Tobarra Sánchez, Juan L. Delgado Marín, Jesús Álvarez del Castillo y Offie Soldin
Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca (Murcia) y Georgetown University Medical Center (EE.UU.)