Cómo es el parto en Francia

"Lo que sí hay aquí es una muy buena atención posparto"

Dar a luz en Francia es una experiencia similar al parto en los hospitales españoles, según nos cuenta la autora del blog Lou Lou y Cía, que tuvo una niña en tierras galas.

Las francesas suelen beneficiarse de la epidural, pero también, como en España, presentan tasas relativamente altas de cesáreas y episiotomías.

El parto –explica– está bastante medicalizado, pero a la vez se nota un tímido resurgimiento del parto natural, sin analgésicos. Al menos hay una novedad interesante: la recuperación perineal después del parto, algo que se debería implantar en España.

 

parto francia

¿Qué diferencias y semejanzas encuentras entre el parto en Francia y España?


Las diferentes formas de dar a luz en Francia son similares a las que comentas que hay en España. Pero sea cual sea la opción elegida, es necesario especificarlo en un plan de parto o comentarlo directamente con el personal médico. Si no es así y llegas al hospital no con un plan de parto sino con mucho miedo y poca información, como fue mi caso, la única alternativa que te ofrecen es pasarte todo el tiempo de dilatación acostada en la cama del paritorio.

Lo que sí hay aquí, en Francia, es una muy buena atención posparto, ya que la seguridad social paga al cien por ciento los gastos de diez sesiones con un fisioterapeuta para la rehabilitación del perineo.

¿Existen casas de parto, como en Alemania, donde la mujer va a dar a luz de forma natural y con la ayuda exclusiva de matronas?


Lo desconozco, no he oído hablar nunca de ese tipo de centros.

¿Está muy extendido el uso de anestesia epidural?


El uso de la epidural está bastante generalizado. La mayoría de las francesas optan por ponerla. De hecho, una cita con el anestesista se programa de forma obligatoria hacia el final del embarazo.

Aunque últimamente hay una cierta tendencia a parir como antes, de forma natural, sin epidural ni oxitocina, sino controlando la respiración y el dolor con métodos como el canto prenatal o la sofrología.

 

¿Te permiten hacer un plan de parto? ¿Te informan bien de todas las posibilidades?


Existe la posibilidad sí, pero en mi caso por ejemplo no me informaron de ello en ningún momento.

¿Y en cuanto a la tasa de cesáreas y episiotomías en Francia, que son similares a las de España?


Desconozco los datos en España, pero aquí, en Francia, la tasa de cesáreas ronda el 20 por ciento y son muchas las quejas del uso abusivo y rutinario de la episiotomía: los últimos datos que he leído indican que se practica entre el 60 y 70 por ciento de mujeres, sobre todo en el caso de las primerizas. Creo que la episiotomía se practica muchas veces sin que sea necesario y sin informar convenientemente a la mamá, como fue mi caso.

¿Cómo se plantean el parto en casa en casa? ¿Se hace habitualmente?


El parto en Francia está bastante medicalizado y son pocas las mujeres que deciden hacerlo en casa, sobre todo por el miedo a que pueda haber complicaciones y porque es bastante complicado encontrar a una matrona que esté dispuesta a ayudar a la mamá durante el parto.

 

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POST DE LOU LOU Y CÍA

"Miedo al dolor, miedo a lo desconocido y al después"  

Aquella tarde del domingo te la pasaste con el miedo metido en el cuerpo. El mismo miedo que habías sentido durante todo el embarazo y que te inmovilizó la voluntad y las ganas de hacer cualquier tipo de curso de preparación al parto. Miedo al dolor pero, sobre todo, miedo a lo desconocido. Y al después.

Primero fue el dolor intenso en los riñones. "Esto no es normal", te dijiste. Pero tiraste pa'lante, porque te faltaba todavía una semana para salir de cuentas y el valor suficiente para reconocer que tu bebé estaba ya llamando a la puerta.

Llegaron las primeras contracciones. Y tú, novata y primeriza, te dijiste : « Esto no es normal ». Pero tiraste pa'lante y cruzaste los dedos de manos y pies para que aquello que te estaba pasando no ocurriese todavía.

 

A medianoche, ya en la cama, le susurraste a tu marido: "Esto no es normal. Vamos al hospital". Metiste tu miedo en la maleta, entre pijamas, `bodies´ y chaquetitas de recién nacido, y diez minutos después estáis sentados en una sala de espera, feucha y poco acogedora, compartiendo miradas junto a otras parejas de parturientas.

"Madame, pase a la sala de trabajo". Sala de trabajo. La palabra te resuena como un mazazo en la cabeza. No hay vuelta atrás. Ahora. Vas a tener a tu bebé, ahora. Y el momento te parece tan grande, que tu miedo se multiplica hasta el infinito porque no sabes si podrás hacerlo, si todo saldrá bien, si sabrás estar a la altura.

Hace frío. Tus piernas tiemblan, sin control. Puede que sean los nervios, o ese camisón azul semitransparente que te han dado. Monotorizan tu cuerpo para controlar las contracciones, que a estas alturas de dilatación has aprendido a reconocer.

Y esperáis.

Cuatro de la madrugada. El anestesista llega con su mano de santo: la epidural. Colocada la sonda, te cuenta el truco del botoncito que controla el goteo. Aprietas, y el líquido hace que te sientas tan bien, liviana y medio drogada, que vuelves a apretar, una y otra vez.

La madrugada pasa. La anestesia se acaba. Pides más. Pero tu mala suerte coincide con otras urgencias y poco personal. Tienes que esperar y morderte el dolor con los dientes. Dolores de parto. El reloj se para. Tus ojos se cierran, tu voz chilla. Te agarras a tu marido, impotente. Alquien viene y vuelves a tener epidural en la sonda. Tu cuerpo tardará aún en sentirlo. Hora y media, larga, a pelo.

Ocho y media de la mañana. Tu cuerpo se ha dilatado. Tu bebé quiere nacer. Una comadrona te explica los rudimentos del trabajo. "Poussez madame", escuchas. Obedeces hasta quedarte sin respiración. Sin todavía poder abrir los ojos, sientes cómo dos manos se apoyan fuerte contra tu vientre. Obedeces de nuevo. « Poussez madame, encore, encore, encore ». Cansada, extenuada, aguantas el tipo concentrada en una idea fija: ayudar a tu hijo a nacer.

Nueve y cinco minutos de la mañana. Un cuerpo diminuto, extraño, sucio y llorón se pega al que le ha dado la vida, el tuyo. Un milagro ha parado el mundo en un instante: un amor infinito a tres bandas.

 

Carmen Arnanz