Embarazada en Alemania: experiencia de una mamá española

Una bloguera nos cuenta sus partos

mi parto en alemania

Por la autora del Blog "Una Mamá Española en Alemania"

Mi primer embarazo lo pasé en Berlín. Acongojada como estaba por aquel entonces y organizando un parto en Madrid, tuve la inmensa suerte de disfrutar de un "metaseguimiento" en toda regla: mi ginecólogo español "controlaba" en la sombra a su colega alemana. Y digo que tuve suerte porque, si no llega a ser por él, no habría sabido que existía la prueba del azúcar, ni la candidiasis, ni que engordar 18 kilos no es lo mínimo.

 

Además de tener que pagar la prueba de la toxoplasmosis, tuve que insistir varias veces en hacer el test del azúcar y de la candidiasis ("apoquinando" también)… Lo único que me regalaron en la capital teutona fueron ecografías "de más" porque sólo engordé un kilo al mes, no fuese a ser que el bebé andase desnutrido. En los demás embarazos me busqué un ginecólogo normal que, si bien no me regaló ninguna prueba, por lo menos me informó de que existían y me recomendó hacérmelas.

De mis partos teutones, en cambio, no tengo queja. Es verdad que no me pusieron epidural, que Maromen (mi pareja) se lavó las manos porque yo se lo recordé, que tuve que negarme a parir con la ropa que traía y pedir un camisón, que no me vio un médico hasta pasadas 24 horas de soltar al churumbel,…etc. Pero como yo soy de parto rápido y fácil, agradecí infinitamente no pasar por rasurado, enema, episotomía, reunión de personal de planta al completo justo delante de mi entrepierna aireada y piernas en-potradas.

Entuertos con ibuprofeno

Que para pasar los entuertos del tercer parto me diesen ibuprofeno de 800 comentando "bueno, ya sabe lo que es esto, no hace falta que lo vuelva a sufrir" me dio ganas de morder a la enfermera; pero viendo que eso mismo era lo que le daba a la de la cama de al lado después de una cesárea, me convenció de que no era nada personal… Eso sí, si por algún casual me vuelvo loca y se me ocurre preñarme otra vez, a "Gott" pongo por testigo de que me traeré un cargamento de Nolotil a tiempo. Y a mi madre.

Una manita importante, hasta que la madre de la parturienta aterriza, son las famosas "Hebamme" (comadronas), que se pasan por tu casa según necesidad a controlar al bebé, a la madre y a la familia pesada, "maromens" incluidos. Hay que elegirla bien y con cuidado, eso sí, porque como te toque una "insensible" (y abundan en este sector) te puedes encontrar de todo: malas caras por bañar al niño, hasta bronca descomunal por no poder más con tu alma y tus tetas y darle un chupete al recién horneadito.

Después de mucho buscar, rebuscar y buscar más, tuve la suerte de encontrar a una matrona del tipo "por-mi-parturienta-mato", que me permitió el uso del chupete, prohibió los "tiene hambre" cada vez que el bebé decía pío y nadie sabía qué hacer con él, exigió platos ultracalóricos y deliciosos para mí, y me insufló ánimos cuando la lactancia se estaba yendo a tomar por saco.

Si fuese primeriza por estos lares -o por cualesquiera otros-, agradecería infinitamente saber a qué tengo derecho. Un parto natural no tiene por qué ser respetado, y Alemania es un buen ejemplo de ello.