Desarrollo físico y neurológico del bebé entre los seis meses y 1 año

Caminar, hablar y jugar, objetivos básicos para los niños de un año

La velocidad de crecimiento sigue lentificándose de modo fisiológico: habitualmente al año de vida, en los niños a término, el peso al nacer se ha triplicado, el perímetro craneal ha aumentado en 10 centímetros en relación con el del nacimiento y la talla ha aumentado en un 50 por ciento. 

Respecto a la alimentación, la leche materna sigue siendo el alimento principal, pero se empieza a complementar con otros, como cereales (al principio sin gluten), verduras, frutas...

A partir de los seis meses el niño empieza a sentarse, manipula objetos explorándolos además con la vista y metiéndoselos en la boca (lo que se llama exploración oral). El bebé amplía su espacio de intereses, que irá aumentando a medida que empieza a desplazarse. El volteo comienza a partir del séptimo mes, e irá seguido de desplazamientos autónomos en forma de gateo; la capacidad de mantenerse de pie con apoyo se adquiere entre el noveno y décimo mes y caminar solo sobre el duodécimo mes de vida.

Empezar a andar


Es importante tener en cuenta que la adquisición de los hitos madurativos neurológicos puede tener variaciones. No todos los niños maduran al mismo tiempo. Esto quiere decir que el que a los doce meses justos un niño no camine, no debe constituir un signo de alarma y debe concedérsele un par de meses de margen.

Hay que tener también en cuenta cuál ha sido su primer patrón de gateo: si alternando pies y brazos (gateo tradicional) o si ha tenido variantes de gateo en forma de reptación, arrastre o en sedestación (culeando); todos estos niños suelen empezar a caminar solos algo más tarde, sobre los 14 o 15 meses.

La adquisición de la marcha implica un salto cualitativo de independencia que el niño va a utilizar y reclamar; a sus padres les puede dar la impresión que se interesa menos por ellos, cuando la realidad no es tal: ha descubierto que el entorno está a su alcance y pasa mucho tiempo explorándolo.

El bebé se comunica y descubre las emociones


Este tiempo es también el de las rabietas: el niño no solo explora el mundo físico que le rodea cuando se mueve, sino que está aquilatando hasta dónde pueden llegar los límites de sus exigencias; es un periodo de descubrimiento de que las emociones pueden compartirse.

En los aspectos de comunicación y lenguaje, la percepción de permanencia de objeto es fundamental para el enriquecimiento de la interrelación: esto implica ser capaz de percibir que aunque no vea un objeto o persona, está ahí. Entre el noveno y undécimo mes de vida podemos asistir a estas primeras socializaciones del bebé.

A partir de ese momento, los juegos de escondite (cu-cu-tras) son de gran placer para el niño y para la intercomunicación con sus padres y con otros adultos. Es el momento en que va a emerger la empatía selectiva, es decir ya distingue entre personas conocidas y extrañas, con conductas de cautela o de miedo hacia quienes le son desconocidos.

El lenguaje ha ido evolucionando desde el prelenguaje en lalación: el niño emite sílabas (pa/pa/ma/ma) que no tienen aún utilización referencial y que va a evolucionar a bisílabos con sentido (papá, mamá) para llamar a sus padres; pueden precederse o acompañarse de imitación de los sonidos del entorno: el niño emite sonidos con cantinela a imitación de las conversaciones que escucha en su entorno (jerga con prosodia), en medio de la cual se diferencian palabras inteligibles. Las primeras palabras como tales emiten los niños, ya no como prelenguaje sino como lenguaje, a partir del año de vida, son palabras de dos sílabas, que irán aumentando tanto en número de sílabas como en riqueza en vocabulario.

Desarrollo bebé de 6 a 12 meses

Psicomotricidad fina


El gesto de la pinza aparece entre el octavo y décimo mes de vida. Esta capacidad de oposición del pulgar frente al índice es única al ser humano y confiere a la manipulación una gran finura, a partir de la capacidad previa que era en empuñadura: el niño toma los objetos con todo el puño, y va a evolucionar hasta ser capaz de sostenerlos finamente entre pulgar e índice.

Todas estas adquisiciones son consecuencia de la maduración progresiva del sistema nervioso, con incremento progresivo de la mielina (sustancia blanca) del cerebro y aumento del número de conexiones entre las neuronas (sustancia gris). Pueden existir desviaciones discretas de la norma, en forma de retrasos madurativos simples, que no constituyen patología.

Desarrollo neurológico de los prematuros

Para valorar el desarrollo de los niños prematuros es importante tener en cuenta la edad gestacional y diferenciar entre la edad cronológica y la edad corregida, es decir, la edad que tendría si hubiesen nacido a término. Y hay que contemplar las adquisiciones de su desarrollo cognitivo en función de ambas edades. Deberán ser signos de alarma cuando las adquisiciones no sean las adecuadas en función de la edad corregida; esta valoración de edad corregida hay que mantenerla hasta los 12 meses en los prematuros y hasta los 24 meses en los grandes prematuros.

La inclusión de estos niños de alto riesgo neonatal en programas de atención temprana debe tranquilizar a la familia por un doble motivo: la estimulación global les ayuda a adquirir diferentes habilidades motoras y comunicativas, y pueden anticipar la detección precoz de desviaciones de la norma.

Desarrollo neurológico del bebé entre los seis meses y el año

  • Tienen lugar tres adquisiciones de importancia fundamental: mantenerse sentado, caminar y pronunciar primeros bisílabos con sentido.
  • Aumento de la capacidad de exploración del entorno.
  • Fase oral de exploración de objetos: todo se lo llevan a la boca.
  • Cambio de mano.
  • Gateo, bipedestación, primeros pasos con apoyo.
  • Pinza.
  • Permanencia del objeto.
  • Empatía selectiva: diferenciación entre propios y extraños.
  • Percepción de que las emociones pueden compartirse.
  • Inicio de rabietas.
  • Paso de prelenguaje (sílabas) a lenguaje
  • Interacción con el entorno.

 

María Teresa Ferrando Lucas
Pediatra Neurólogo del Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Quirón Madrid