Preembarazo: Impacto de tóxicos en óvulos y espermatozoides

Los gametos son las células más sensibles

La salud de óvulos y espermatozoides antes de la concepción de un bebé es esencial para el desarrollo del futuro bebé. El impacto de los tóxicos y la contaminación ambiental en estas células tan sensibles puede llegar al embrión y al feto, afectándoles en su vida adulta. ¿Por qué son tan sensibles óvulos y espermatozoides, las células germinales? Porque en este periodo crítico del desarrollo se producen divisiones celulares (espermatogénesis y ovogénesis), que procesos que son imprescindibles para el encender la chispa de la vida y al mismo tiempo hace que esas células sean muy sensibles a tóxicos externos.

Salud de las células germinales

Salud de óvulos y espermatozoides, esencial


El desarrollo óptimo de un bebé comienza precisamente con una buena salud de los padres antes de la concepción, algo que muchas personas desconocen. A medida que mejora la salud de las generaciones, mejora también la calidad de los óvulos y espermatozoides de las parejas. Con células germinales paternas y maternas más sanas, se mejoran también las perspectivas de desarrollo del futuro bebé. El embarazo el recién nacido serán más saludable y también todo su desarrollo posterior.

Pero lo cierto es que los tóxicos del medioambiente pueden dañar los óvulos y los espermatozoides antes de fusionarse. El resultado de este deterioro en las células germinales y gametos puede ser doble: es posible que dañe la fertilidad del progenitor o, en caso de producirse el embarazo, que los daños afecten al hijo.

Momentos más sensibles de los gametos


La formación de los gametos (óvulos y espermatozoides) en el ser humano sufre un  proceso llamado gametogénesis. Las células germinales femeninas se convierten en óvulos y las masculinas, en espermatozoides. Es muy importante que estas células no tengan malformaciones ni estén afectadas por tóxicos para asegurar un desarrollo fetal saludable. Los especialistas saben que hay que proteger estas etapas tan sensibles del desarrollo humano para proteger también a la futura descendencia:

  • La espermatogénesis o la formación de espermatozoide comienza entre los 10 y 14 años en el niño y dura toda la vida. En un embarazo normal, el espermatozoide comienza a formarse unos 60-70 días antes de la concepción o de que se una al óvulo. Por eso el hecho de proteger al varón durante esta etapa puede ser clave para la descendencia.
  • La ovogénesis o proceso de la formación de los óvulos comienza en el tercer mes del desarrollo fetal de la niña. En el séptimo mes de gestación, la niña llega a tener hasta 7.000.000 de ovocitos primarios, de los que muy pocos, ni medio millar, lograrán llegar a ser ovocitos maduros a los largo de su vida fértil. En el camino se producen una disminución muy considerable del número de folículos por diversas causas.

La actividad en los folículos vuelve a reactivarse intensamente entre los 10 y los 12 años de edad. Cada niña cuenta con unos 400.000 óvulos en potencia, de los que, como hemos indicado, sólo madurarán entre 400 y 450 óvulos a partir la etapa de la pubertad.

 

Qué es la gametogénesis

 

Periodos de máximo peligro ante la exposición a tóxicos


Los primeros meses de embarazo son muy importantes porque se forman las principales estructuras y órganos del bebé. Pero, además la buena salud de los progenitores puede transmitirse a la descendencia. Aunque el mayor riesgo de mutaciones de las células germinales (ovocitos y espermatozoides) es la etapa fértil, existen periodos de máximo peligro de exposición a tóxicos y contaminación:

  • Niños y niñas. Todo el primer trimestre de gestación, especialmente durante el periodo de formación de sus células germinales fetales. Estas células son más sensibles a los tóxicos  porque están en constante división.
  • Niñas. Muy especialmente durante el cuarto mes de vida fetal, se incrementa el riesgo de enfermedades tras la exposición a tóxicos y contaminación. Si se protege el ovocito fetal durante este periodo, el riesgo de enfermedad disminuye en los hijos, incluso en los nietos de esa niña. Se ha comprobado que la célula germinal (el ovocito de la niña que se está gestando) permite que los beneficios de su salud “salten” entre varias generaciones y permitan el desarrollo óptimo de su descendencia.

Preembarazo y salud de los gametos

  • Niños. La formación de los espermatozoides abarca toda la adolescencia y la vida adulta. Es importante cuidar estos periodos críticos y asegurar una buena nutrición de madres y padres, incluso teniendo en cuenta micronutrientes concretos como hierro, ácido fólico, vitamina A o ácidos grasos. Se sabe que ciertos factores ambientales pueden cambiar la expresión de algunos genes (es la base de la llamada epigenética), por lo que todo lo relacionado con la salud de los padres redunda en la de los hijos.

Cómo conseguir el desarrollo óptimo del bebé


  • Acude a una revisión de salud previa al embarazo, acompañada de tu pareja, que también ha de llevar alimentación y hábitos saludables.
  • En la consulta preconcepcional, el ginecólogo te prescribirá los suplementos que necesitas (ácido fólico y yodo) y detectará carencia como anemia o déficit de vitamina D. Aunque faltan evidencias, parece sensato recomendar también en la etapa periconcepcional (antes del embarazo) el consumo de folatos y otras vitaminas para el varón, pensando en conseguir una mejor calidad seminal espermática.
  • Realiza vida sana, como si ya estuvieras embarazada, varios meses antes de la búsqueda activa del bebé. Es una buena forma de estar en las mejores condiciones de salud de cara a la concepción.
  • Evita tóxicos que puedan dañarte a ti y a tu futuro hijo: humo de segunda mano (es decir, ser fumador pasivo), vivir en zona insanas (cables de alta tensión, polígonos industriales…) en ambos miembros de la pareja.
  • Si en tu trabajo tienes riesgos laborales que pueden afectar al embarazo, avisa al servicio médico de la empresa para que te adapten tu puesto de trabajo.
  • Todas estas recomendaciones de salud son válidas también para tu pareja. Ten en cuenta que la mitad del ADN del bebé lo aporta su padre.
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Con información de los doctores Juan Antonio Ortega, Carmen Cánovas Conesa, Esther Tobarra Sánchez, Juan L. Delgado Marín, Jesús Álvarez del Castillo y Offie Soldin
Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca (Murcia) y Georgetown University Medical Center (EE.UU.)