Nada de alcohol si estás embarazada (o buscando un bebé)

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La embarazada no debe beber nada de alcohol en fiestas o celebraciones
18 Dic 2018

El consumo de alcohol en nuestro medio es muy cotidiano forma parte de la gran mayoría de actividades sociales y culturales como lo son celebraciones de Navidad.  Muchas embarazadas consideran que pequeñas cantidades de alcohol pueden estar permitidas durante el embarazo, siempre que sean poco frecuentes. No obstante, esta afirmación está muy lejos de la realidad. Vamos a demostrarlo hablando de las consecuencias del alcohol sobre el feto. Por eso si estas Navidades estás embarazada -o, muy importante, buscando un bebé- disfruta, celebra y brinda, pero recuerda que en la copa, ni una gota de alcohol.

Peligro, malformaciones en el bebé

El denominado síndrome de espectro alcohólico fetal, o el previamente llamado síndrome alcohólico fetal, impacta gravemente en el desarrollo de los niños. Estos son algunos de los efectos que produce en el recién nacido:

  • Ojos rasgados, microcefalia (cabeza pequeña), cabeza aplanada en tercio medio y ausencia de desarrollo del surco nasogeniano (zona superior de los labios aplanada o "borrada").
  • Defectos de crecimiento tanto intrauterino como retraso en la ganancia: suelen ser niños y adultos con talla baja.
  •  Alteraciones morfológicas y funcionales del sistema nervioso. Pueden ser leve, con ligeras alteraciones del comportamiento, o severas con defectos cognitivos claros y retraso del neurodesarrollo.

La exposición intraútero al alcohol puede causar estas patologías. Por ello se justifica la prohibición absoluta de consumir alcohol durante el embarazo. Aunque aparentemente parezca poco lógico, su gravedad no es proporcional a la cantidad de alcohol ingerido, sino que existen muchos factores influyentes como el momento del desarrollo embrionario en el que se produce la exposición, el tipo de exposición (aguda o crónica), la existencia de periodos de abstinencia...

Lo que queda claro es que el alcohol es un teratógeno contrastado que atraviesa la barrera del encéfalo del bebé en desarrollo afectando a las células nerviosas fetales en una etapa crítica de crecimiento y desarrollo. Además permanece por periodos largos en el líquido amniótico, debido a su bajo metabolismo y degradación, por lo que la exposición fetal se alarga.

El efecto sobre la placenta es disminuir el intercambio de nutrientes, generando por lo tanto un déficit a ese nivel y expresándose finalmente en fetos con crecimiento menor. Si esta exposición se produce además en las primeras 10 semanas de desarrollo, el alcohol influirá además en la síntesis protéica, haciéndola deficitaria y afectando a la construcción normal de los sistemas fetales.

 Desde 2010, el EUROCAT, organismo europeo que se encarga en realizar estudios y generar guías clínicas sobre la la prevención de defectos congénitos, enfatizó la importancia de este síndrome en la población general. Se estima la presencia de este síndrome entre un 0,5 y 7 de cada 1000 nacidos vivos a pesar de que se ha demostrado la exposición de alcohol de forma mucho más prevalente en la población.

Este consumo tan extendido nos obliga a alertar a las embarazadas y familias sobre este problema para evitar que se subestimen los efectos del alcohol en pequeñas cantidades durante el embarazo. 

Dra. Diana Cuenca
Ginecóloga y Obstetra del Hospital de Torrejón de Ardoz (Madrid)

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